Exámenes sin pánico: cómo ganan seguridad los niños
Dolor de barriga antes del examen, bloqueo en el aula, buena preparación sin efecto: de dónde viene la ansiedad ante los exámenes en niños que crecen fuera y qué ayuda de verdad.
En resumen
La seguridad no nace de tranquilizar, sino de poder prever. Los niños tienen miedo en los exámenes cuando no pueden anticipar qué les espera ni si su preparación va a servir. Quien sabe qué tipos de ejercicio vendrán, qué forma se exige y cómo repartir el tiempo entra de otra manera en el aula. En los niños que crecen fuera se añade con frecuencia una segunda causa: la experiencia repetida de que estudiar no ha mejorado la nota.
¿De dónde viene el miedo a los exámenes?
En muy contadas ocasiones de una sensibilidad especial. La mayoría de las veces es aprendido: el niño ha comprobado varias veces que sabía la materia y que aun así la nota no salía. De ahí extrae una conclusión muy racional: que el resultado no está en sus manos.
En los niños que crecen fuera eso es frecuente. Si los puntos no se pierden por el conocimiento sino por la lengua, estudiar en el sentido habitual no surte efecto. El niño estudia más y obtiene la misma nota. Tras dos o tres repeticiones de ese patrón, el esfuerzo se convierte en evitación.
Por eso los consejos habituales caen en el vacío. «Solo tienes que empezar antes» presupone que más tiempo de estudio mejora la nota. Si eso no se cumple para ese niño, el consejo únicamente confirma la impresión de que la culpa es suya.
¿Por qué se queda en blanco si lo sabía todo?
Un bloqueo casi nunca es una pérdida del conocimiento. Es un problema de arranque: el niño lee el primer ejercicio, no encuentra por dónde empezar, se pone bajo presión, y la presión bloquea el acceso a todo lo demás.
El detonante suele estar en la primera frase del enunciado. Un verbo de instrucción desconocido, una formulación poco habitual, un término que en alemán se llama distinto de como lo tiene en la cabeza. Veinte segundos de inseguridad bastan para elevar la tensión hasta que ya no sale nada.
Por eso lo que funciona no es un entrenamiento de relajación, sino un plan de arranque: primero hojear todos los ejercicios, empezar por el más seguro y dejar el más difícil para después. Quien ha resuelto el primer ejercicio prácticamente ya no se bloquea.
El primer punto es el más importante
Los niños resuelven los exámenes casi siempre de arriba abajo, aunque el ejercicio 1 sea el más difícil. Es una costumbre, no una regla, y se puede cambiar en pocas sesiones de práctica.
El efecto es sorprendentemente grande: un éxito temprano reduce la tensión de forma perceptible y da acceso al resto.
¿Cómo se vuelve previsible un examen?
El miedo nace donde algo es desconocido. Pero la mayor parte de un examen no es desconocida en absoluto: simplemente nunca se ha dicho en voz alta.
- Aclarar los tipos de ejercicio. ¿Qué clases de ejercicio aparecieron en los últimos exámenes? Casi siempre se repiten.
- Nombrar el tipo de texto. ¿Se pide un análisis, una argumentación, un resumen? Con eso queda fijada la estructura.
- Repasar las instrucciones. ¿Qué significa «explica», qué «valora»? Sin esa aclaración cada ejercicio es un riesgo.
- Repartir el tiempo. ¿Cuántos minutos por ejercicio? Decidirlo antes, no en el aula.
- Mirar el reparto de puntos. ¿Dónde están la mayoría? Ahí debe ir la mayor parte del tiempo.
- Planificar el arranque. ¿Por dónde se empieza? Esa decisión no debe quedar en manos de los nervios.
¿Cómo debería practicar?
En condiciones parecidas a las del examen. El error más habitual al estudiar es releer la materia una y otra vez. Eso genera una sensación de seguridad que no sostiene en el examen, porque allí se pide otra cosa: recuperar y formular, no reconocer.
Funciona todo lo que entrene la recuperación: explicar sin apuntes, resolver ejercicios sin ayudas, escribir un texto con límite de tiempo. Resulta más incómodo que releer y actúa con mucha más fuerza.
Para los niños que crecen fuera hay un punto obligatorio: practicar en alemán. Quien repasa la materia en el idioma del país y en el examen tiene que escribir en alemán no ha entrenado un paso de traducción que después le costará tiempo y puntos.
- Explicar sin apuntes, en voz alta y en frases completas.
- Volver a escribir exámenes antiguos con tiempo tasado.
- Mezclar los ejercicios en lugar de agruparlos por temas.
- Practicar en alemán, aunque en casa se hable mezclado.
- La víspera no empezar nada nuevo: solo repasar lo conocido.
¿Qué ayuda la mañana del examen?
Poco, pero fiable. El día del examen no decide la nota: esta se prepara en las semanas anteriores. Lo que la mañana puede aportar es no aumentar la tensión.
Ayudan una rutina normal, el desayuno, tiempo suficiente y no preguntar la lección de camino al colegio. Esto último produce casi siempre lo contrario de lo deseado: cualquier laguna que aparezca ya no se puede cerrar, pero se queda en la cabeza.
Tampoco ayuda la pregunta «¿vas bien preparado?». No tiene respuesta posible y convierte la inseguridad en el tema del día. Es mejor una frase que no valore el resultado, por ejemplo que luego os cuente qué tal fue.
¿Cuándo hay algo más detrás?
Los nervios ante un examen son normales y, en su justa medida, incluso útiles. La cosa se vuelve seria cuando aparecen molestias físicas con regularidad, cuando el niño evita ir al colegio o cuando el miedo persiste aunque la preparación haya sido demostrablemente buena.
En esos casos ya no se trata de técnicas de estudio. Entonces tiene sentido hablar con el colegio y, en su caso, buscar apoyo profesional: la ansiedad ante los exámenes se trata bien cuando se aborda como tema propio.
Al mismo tiempo, conviene no perder de vista la causa objetiva. En muchos niños que crecen fuera el miedo desaparece en cuanto los exámenes vuelven a mostrar lo que saben. La seguridad nace de la forma más fiable a partir de éxitos que se pueden explicar.
Para recordar
- La ansiedad ante los exámenes suele ser una consecuencia, no un rasgo.
- Quien comprueba que esforzarse no cambia nada deja de esforzarse.
- La previsibilidad reduce el miedo con más fiabilidad que los ánimos.
- Un bloqueo es casi siempre un problema de arranque, no de conocimientos.
- Practicar en condiciones reales funciona mejor que añadir horas de estudio.
Preguntas frecuentes
¿Debemos preguntarle la lección antes del examen?
Nuestro hijo dice que no tiene miedo, pero le duele la barriga. ¿Cómo lo interpretamos?
¿Ayuda decirle antes que la nota da igual?
¿Y si nunca le da tiempo en el examen?
¿Cabe una adaptación de las condiciones de examen?
Maike Rulfs-Zoua
Fundadora de Assadé, docente y examinadora telc
Más de 30 años de experiencia como docente y examinadora, con etapas en el Goethe-Institut, el Colegio Alemán de Barcelona y la American International School of Riyadh. Madre de cinco hijos.
Seguir leyendo
-
Alemán y Matemáticas
Por qué buenos alumnos en el extranjero empiezan de repente a sacar peores notas
A partir de 5.º curso bajan las notas de muchos niños en colegios alemanes en el extranjero, sin que sepan menos. La causa está casi siempre en el lenguaje académico, no en los conocimientos.
-
Alemán
«Mi hijo lo entiende todo, pero no sabe escribirlo»
De forma oral explica la materia con seguridad; en el examen faltan los puntos. Por qué hablar y escribir son dos capacidades distintas y cómo se construye la segunda.
-
Matemáticas
Problemas con enunciado: cuando el obstáculo no es el cálculo
Vuestro hijo calcula con seguridad pero se atasca en los problemas con enunciado. A qué se debe, qué palabras cuestan puntos una y otra vez y cómo se aprende a traducir el texto en una operación.
Un alemán seguro y mejores notas empiezan aquí.
Descubramos juntos lo que tu hijo o hija necesita de verdad, en una conversación personal de diagnóstico y estrategia, sin ninguna presión de venta.