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«Mi hijo lo entiende todo, pero no sabe escribirlo»

De forma oral explica la materia con seguridad; en el examen faltan los puntos. Por qué hablar y escribir son dos capacidades distintas y cómo se construye la segunda.

Dibujo a lápiz: un bocadillo de diálogo y, al lado, una hoja rayada en blanco

En resumen

Porque hablar y escribir exigen cantidades distintas de lengua. En una conversación, las preguntas, los gestos y el conocimiento compartido cargan con buena parte del significado. Un texto escrito no tiene nada de eso: debe entenderse solo por las palabras y la sintaxis. Los niños que crecen en el extranjero mantienen muchas conversaciones en alemán, pero escriben pocos textos escolares en alemán. Esa práctica es la que falta en el examen.

¿Por qué sabe decirlo pero no escribirlo?

Cuando vuestro hijo os explica en la cocina de qué iba el libro o cómo funciona un ejercicio, ocurre algo que en el cuaderno no ocurre: vosotros colaboráis. Asentís, preguntáis, completáis una palabra que falta. El niño puede interrumpirse, empezar de nuevo y señalar con un gesto lo que quiere decir.

Un texto escrito no recibe esa ayuda. Tiene que funcionar desde la primera línea sin preguntas de vuelta. Cada idea necesita una palabra, cada conexión entre dos ideas necesita una estructura sintáctica. Lo que oralmente quedaba clarísimo en cinco frases entrecortadas debe formularse por completo.

Por eso la frase «mi hijo lo entiende todo, pero no sabe escribirlo» suele ser literalmente cierta. La comprensión está. Lo que falta son los recursos lingüísticos para hacerla visible.

¿Dónde pierde puntos exactamente?

Vale la pena mirar un examen corregido no por la nota, sino por el tipo de descuentos. En la gran mayoría de los casos se repiten los mismos cuatro o cinco patrones.

  • Demasiado escueto: la respuesta da el resultado, pero no el camino. Se pedía una justificación.
  • Sin estructura: todo en un bloque, sin introducción ni cierre, sin hilo reconocible.
  • Instrucción no cumplida: se pedía «explica» y se ha escrito un resumen del argumento.
  • Registro coloquial: «pues cada vez hay más» en lugar de «la proporción aumenta de forma continuada».
  • Sin respaldo: hay una afirmación, pero sin cita, ejemplo ni dato.

La diferencia en una sola frase

Oral: «Está enfadado porque el otro le mintió». Escrito se espera: «El personaje reacciona con ira porque se siente traicionado por su amigo».

Mismo contenido, misma comprensión. Pero solo la segunda versión cuenta como respuesta completa en la evaluación.

¿Son faltas de ortografía?

Casi nunca. La ortografía es la parte que los padres ven antes, porque está marcada en rojo. Para la nota, sin embargo, rara vez es decisiva entre 5.º y 12.º.

Cuesta muchos más puntos el nivel superior: si una respuesta cumple el encargo, si está justificada, si respeta el tipo de texto exigido. Una redacción sin errores que no responde al enunciado saca peor nota que una con algunos fallos bien argumentada.

Es una buena noticia, porque ese nivel se entrena de forma más dirigida que la ortografía: se trata de patrones que se repiten, no de miles de palabras sueltas.

¿Ayuda leer más?

Leer ayuda, pero no basta. Quien lee mucho amplía vocabulario y desarrolla oído para las frases largas. Esa es la base. Pero de ahí no surge automáticamente la capacidad de escribir un texto estructurado.

Escribir es una destreza propia. Se adquiere escribiendo, con una devolución sobre qué es lo que aún no sostiene en el texto propio. Sin esa devolución, el niño repite los mismos patrones porque los da por correctos.

La comparación con el deporte encaja bien: mirar no hace a nadie más rápido. Correr sí, siempre que alguien corrija la técnica.

¿Qué funciona de verdad, y en qué orden?

Funciona un camino que empieza por lo concreto y solo después se amplía. El orden importa más de lo que se supone.

  • Aclarar las instrucciones. Qué pide «describe», qué «explica», qué «valora». Esos verbos gobiernan toda la respuesta.
  • Practicar los tipos de texto. Cada curso tiene los suyos: resumen, caracterización, argumentación, análisis. Todos con una estructura fija.
  • Dar fórmulas de apoyo. Expresiones para introducir, enlazar, justificar y concluir que estén disponibles.
  • Trabajar con la materia real. Con los textos y temas que toquen en el colegio del niño, no con fichas aparte.
  • Devolver comentarios, no solo notas. El niño necesita saber qué frase no basta y por qué.

¿Qué podemos aportar desde casa?

La aportación más eficaz es poco espectacular: dejad que vuestro hijo termine de explicar. No en palabras sueltas, sino en frases completas, sin que vosotros rellenéis los huecos. Al principio resulta incómodo, y es justo el ejercicio que falta.

También ayuda mirar juntos un examen corregido sin hablar de la nota, sino de una sola pregunta: ¿qué habría tenido que poner aquí? Los niños suelen darse cuenta solos, en cuanto no están en situación de examen.

Lo que no tenéis que asumir es el trabajo técnico sobre los tipos de texto. Eso corresponde a las clases o a un acompañamiento que conozca el currículo alemán.

Para recordar

  • Fuerte hablando y flojo escribiendo no es una contradicción, es lo habitual.
  • En la conversación sostiene el contexto; en el texto tiene que sostener la lengua sola.
  • Los puntos rara vez se pierden en el contenido, casi siempre al justificar y estructurar.
  • Escribir no mejora solo leyendo: hace falta escribir.
  • Lo que antes surte efecto es trabajar los tipos de texto y las fórmulas de redacción.

Preguntas frecuentes

Mi hijo escribe buenos textos en el idioma del país. ¿Por qué no en alemán?
Porque la competencia textual solo se transfiere en parte entre lenguas. La construcción de un argumento se transfiere bien; las fórmulas y los términos alemanes, no. Además, los tipos de texto exigidos difieren notablemente entre sistemas escolares.
¿Cuándo debo empezar a preocuparme?
Cuando la distancia entre el rendimiento oral y el escrito se mantiene a lo largo de dos o tres exámenes y las correcciones repiten siempre los mismos comentarios. Un examen flojo aislado dice poco.
¿Tiene sentido preparar redacciones de memoria en casa?
No. Los textos memorizados casi nunca encajan con el enunciado real y en la evaluación cuentan como fuera de tema. Lo sensato es lo contrario: un repertorio de fórmulas aplicable a cualquier tema.
¿Cuánta práctica hace falta por semana?
Menos de lo que se cree, pero con regularidad. Un texto trabajado por completo a la semana, con devolución real, aporta más que cinco textos sin comentar.
¿Afecta también al bachillerato?
Al bachillerato especialmente. A partir de 10.º la evaluación se desplaza casi por completo hacia análisis y argumentaciones escritas. Quien para entonces no domina los tipos de texto pierde puntos de forma previsible.

Maike Rulfs-Zoua

Fundadora de Assadé, docente y examinadora telc

Más de 30 años de experiencia como docente y examinadora, con etapas en el Goethe-Institut, el Colegio Alemán de Barcelona y la American International School of Riyadh. Madre de cinco hijos.

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