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Blog Alemán y Matemáticas 6 min de lectura

Por qué buenos alumnos en el extranjero empiezan de repente a sacar peores notas

A partir de 5.º curso bajan las notas de muchos niños en colegios alemanes en el extranjero, sin que sepan menos. La causa está casi siempre en el lenguaje académico, no en los conocimientos.

Dibujo a lápiz: dos curvas que se separan y abren un hueco entre ellas

En resumen

Porque el alemán cotidiano y el alemán escolar son dos cosas distintas. La lengua del día a día se domina en unos dos años; el lenguaje académico —el de los enunciados, las redacciones y los textos especializados— necesita entre cinco y siete. A partir de 5.º curso las exigencias escolares crecen más deprisa que ese nivel de lengua. La nota deja entonces de medir el conocimiento y pasa a medir la capacidad de mostrarlo.

¿Qué ocurre con las notas a partir de 5.º curso?

En primaria suele ir todo bien. Llega 5.º y, en dos o tres evaluaciones, las notas de Alemán y Matemáticas caen. El niño no estudia menos. No parece menos motivado. Y aun así los resultados empeoran.

El motivo es un cambio que desde fuera no se ve: a partir de secundaria las clases pasan de escuchar y repetir a leer, comprender y formular de forma autónoma. Los enunciados se alargan. Los textos se vuelven más abstractos. Ya no basta con saber la solución: hay que explicarla.

Para los niños que crecen en el extranjero ese cambio llega en una situación particular: su alemán cotidiano es sólido, porque en casa se habla alemán. Su alemán escolar, en cambio, recibe mucha menos práctica que el de sus coetáneos en Alemania.

¿Qué diferencia hay entre lengua cotidiana y lenguaje académico?

La lengua cotidiana es la de la mesa de la cocina: concreta, ligada a la situación, apoyada en gestos, miradas y conocimiento compartido. «Pásame eso de ahí» funciona porque ambos ven de qué se trata.

El lenguaje académico es el de la escuela: abstracto, preciso, sin contexto. Tiene que entenderse solo con el texto. Incluye términos especializados, pero sobre todo estructuras: subordinadas, pasivas, nominalizaciones, argumentos ordenados.

La investigación lingüística distingue estos dos niveles desde hace tiempo, y la diferencia de plazos es el punto decisivo para las familias en el extranjero: las capacidades cotidianas están construidas en unos dos años, las académicas necesitan entre cinco y siete.

Cómo se reconoce el lenguaje académico en el cuaderno

Formulado académicamente, una respuesta suena así: «La temperatura aumenta porque se incrementa la radiación solar». En lengua cotidiana, la misma idea suena así: «Hace más calor porque el sol da más».

Ambas frases demuestran la misma comprensión. Pero solo la primera obtiene la puntuación completa en el examen.

¿Por qué afecta también a Matemáticas?

Muchos padres asocian la lengua con la asignatura de Alemán. En la práctica, la brecha aparece a menudo antes en Matemáticas: en los problemas con enunciado.

Un problema con enunciado exige tres pasos: entender el texto, traducirlo a una operación y devolver el resultado en una frase de respuesta. Dos de esos tres pasos son lingüísticos. Si un niño sabe calcular pero se atasca en los enunciados, el problema rara vez son las matemáticas.

A eso se suma el lenguaje técnico: «aumenta un 20 por ciento» no es lo mismo que «aumenta hasta el 20 por ciento». «Como mínimo» incluye el valor; «más de» no. Esos matices deciden entre correcto e incorrecto, y son pura lengua.

¿Por qué «practicar más» casi nunca funciona?

La primera reacción de muchas familias es comprensible: más ejercicios, más tiempo de escritorio, quizá clases de refuerzo para el próximo tema. Eso ayuda a corto plazo para el siguiente examen, y después vuelve la misma situación.

El motivo: se practica la materia, no el nivel que hay debajo. Quien resuelve diez problemas más sin aclarar la lengua del enunciado entrena precisamente lo que ya funciona.

Se añade un segundo efecto que los padres describen a menudo: el niño se retrae. Cuando el esfuerzo no mejora las notas, la explicación más a mano es «no valgo para esto», y se pierde la motivación aunque la capacidad nunca haya sido el problema.

  • Síntoma: peor nota en el examen.
  • Interpretación inmediata: ha estudiado poco.
  • Causa real: faltan los recursos lingüísticos para mostrar lo aprendido.

¿Cómo saben los padres que la causa es la lengua?

Hay algunas señales que, juntas, dibujan un cuadro bastante claro. Por separado significan poco; en conjunto son un indicio firme.

  • Vuestro hijo os explica la materia correctamente de forma oral, pero pierde puntos por escrito.
  • En las correcciones aparecen comentarios como «poco claro», «justifica» o «no responde a la pregunta».
  • En los problemas con enunciado falta el planteamiento, aunque domine la operación.
  • Las redacciones están bien pensadas, pero salen cortas, saltan de idea o se repiten.
  • Al leer los enunciados pregunta con frecuencia qué se le pide.
  • La nota de participación oral es claramente mejor que la escrita.

¿Qué ayuda entonces?

Funciona el camino inverso: primero averiguar dónde sostiene la lengua y dónde no, y después trabajar ese nivel de forma dirigida, sobre la materia real del colegio y no sobre fichas paralelas.

En concreto significa dominar los tipos de texto que exige cada curso, construir el lenguaje técnico de ambas asignaturas y practicar la formulación hasta que esté disponible. No es un proyecto de una semana, pero tampoco es un enigma: el camino se conoce y se puede describir.

Para las familias en el extranjero se añade que ese trabajo debe estar anclado en el currículo alemán. De lo contrario surge un apoyo lingüístico que no tiene relación con el colegio del niño.

Para recordar

  • Que bajen las notas a partir de 5.º rara vez es un problema de conocimientos o de esfuerzo.
  • La lengua cotidiana necesita unos dos años; la académica, entre cinco y siete.
  • Se nota sobre todo donde hay que escribir, también en Matemáticas.
  • Mandar «practicar más» trata el síntoma, no la causa.
  • El lenguaje académico se puede construir, pero no se adquiere de pasada.

Preguntas frecuentes

¿En qué curso suele aparecer el problema?
Con más frecuencia entre 5.º y 7.º, cuando aumenta claramente la proporción de lectura y escritura autónomas. Un segundo punto crítico llega en 9.º y 10.º, con las argumentaciones y los análisis de texto.
Mi hijo habla alemán con fluidez. ¿Puede verse afectado igualmente?
Sí, y es el caso más frecuente. Hablar con fluidez es lengua cotidiana. Dice poco sobre si un niño sabe estructurar una argumentación o escribir un análisis de texto. Precisamente esa diferencia hace que el problema pase desapercibido durante mucho tiempo.
¿Es lo mismo que la dislexia?
No. En un trastorno de lectoescritura existe una dificultad de otra naturaleza que requiere diagnóstico profesional. El efecto descrito aquí afecta a niños sin ese trastorno y está relacionado con el entorno lingüístico. Ante la sospecha de dislexia conviene una valoración especializada.
¿Cuánto tarda en notarse un cambio?
Los primeros efectos suelen aparecer en pocos meses, porque los tipos de texto y el lenguaje de los enunciados se entrenan rápido. Construir una base académica sólida es un trabajo de varios cursos: un acompañamiento, no una cura.
¿Qué puedo hacer yo como madre o padre en casa?
Lo que más ayuda es leer en alemán más allá del vocabulario cotidiano y hablar sobre lo leído. Además vale la pena pedirle que explique cosas, completas y en frases enteras. Nada de eso sustituye el trabajo dirigido sobre los tipos de texto, pero crea la base.

Maike Rulfs-Zoua

Fundadora de Assadé, docente y examinadora telc

Más de 30 años de experiencia como docente y examinadora, con etapas en el Goethe-Institut, el Colegio Alemán de Barcelona y la American International School of Riyadh. Madre de cinco hijos.

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