Cuando falta la motivación: el alemán como obligación en vez de lengua materna
Vuestro hijo ya no quiere hablar ni estudiar alemán. Por qué eso rara vez tiene que ver con la lengua, qué provoca la presión y cómo mantienen las familias la puerta abierta.
En resumen
Porque para los adolescentes la lengua significa sobre todo pertenencia. Quien vive a diario en un idioma en el que ocurren las amistades, el colegio y la rutina percibe pronto el alemán como aquello que lo diferencia de los demás, y como algo que solo quieren sus padres. La resistencia casi nunca va contra la lengua en sí, sino contra su papel. La presión la refuerza de forma fiable; lo que ayuda es un motivo propio.
¿Por qué de repente no quiere hablar alemán?
Porque a esa edad la lengua ya no es una herramienta, sino una señal. Con once, doce, trece años la pregunta por el lugar al que se pertenece se vuelve la más importante de todas. Y la lengua en la que hablan los amigos es la lengua de la pertenencia.
En esa cuenta, el alemán es lo que separa al niño de todos los demás. Es la lengua de los padres, de los abuelos, de las vacaciones, pero no la del día a día. Que encima haya que estudiarla la convierte definitivamente en una tarea.
A eso se suma con frecuencia un segundo punto no dicho: en alemán el niño es peor que en el idioma del país. Nadie hace voluntariamente algo en lo que se siente inferior, y menos delante de sus propios padres.
¿Qué provoca la presión?
A corto plazo, obediencia; a largo plazo, evitación. Cuando el alemán va unido a exigencias, correcciones y control, se convierte en un campo de conflicto, y los campos de conflicto se evitan.
Especialmente costosa es la corrección durante la conversación. Un niño al que se le enmienda una de cada dos frases habla menos. Quien habla menos progresa menos, es corregido más a menudo y a partir de ahí habla todavía menos. Ese bucle es la causa más frecuente de que los niños en el extranjero abandonen el habla activa.
Conviene saberlo: la comprensión se conserva en esta fase. Un niño que solo responde ya en el idioma del país no está perdiendo su alemán: no lo está usando. La diferencia es considerable, porque usarlo se puede retomar más adelante.
¿Cómo mantenemos la puerta abierta?
Haciendo que el alemán siga unido a algo que le aporte al niño. Suena más fácil de lo que es, porque exige rebajar la propia exigencia.
- Permitir la comprensión sin forzar el habla. Vosotros habláis alemán, el niño responde como quiera. El aporte se mantiene.
- Contenidos en lugar de lengua. Un pódcast alemán sobre un tema que le interesa no es un entrenamiento lingüístico: es un pódcast.
- Personas en lugar de material. Abuelos, primos, amigos. Una lengua que pertenece a alguien rara vez se rechaza.
- No corregir, sino recoger. Repetir la forma correcta en la propia frase, sin señalarlo.
- No condicionar nada al alemán. En cuanto se ata a permisos, queda convertido en obligación definitiva.
La diferencia entre lengua y asignatura
En casa se trata de la lengua: de que siga viva y unida a situaciones agradables. En el colegio se trata de una asignatura con exigencias, tipos de texto y notas.
Las familias que separan ambas cosas lo tienen más fácil. Si los padres asumen a la vez el cuidado de la lengua y el control del rendimiento, cada conversación se convierte en un examen y la lengua pierde su carácter cotidiano.
¿Y las notas mientras tanto?
Son un tema aparte y deberían seguir siéndolo. Un niño que en casa habla alemán a regañadientes puede obtener buenos resultados en el colegio, siempre que el nivel escolar se construya donde corresponde.
Eso alivia a ambas partes. Los padres no tienen que ser docentes, y el niño no vive el alemán en casa como una prolongación de las clases. En la práctica, el clima familiar mejora a menudo solo con sacar de la familia la responsabilidad por las notas.
Con frecuencia vuelven entonces también las ganas: no de inmediato, pero de forma perceptible. Quien mejora en la asignatura percibe menos la lengua como una debilidad. Y lo que ya no es una debilidad tampoco se evita.
¿Cómo encontramos un motivo que sea suyo?
Los argumentos de los padres apenas surten efecto a esa edad. «Lo vas a necesitar más adelante» es cierto y completamente inútil, porque «más adelante» no es una magnitud que guíe la conducta de un adolescente.
Funcionan los motivos que están en el presente y que tienen que ver con su persona: una amistad, un interés, un videojuego, una serie, unas prácticas, una meta después del colegio. Esos motivos no se pueden imponer, pero sí se pueden crear ocasiones en las que aparezcan.
Lo que más fuerza tiene suele ser el contacto con otros adolescentes que hablan alemán. Una lengua en la que los de su edad se ríen, discuten y hacen tonterías deja de ser una lengua de padres, y con ello se vuelve inmediatamente más atractiva.
- Vacaciones o estancias con jóvenes germanohablantes.
- Grupos, campamentos o clubes en alemán en el lugar donde vivís.
- Videojuegos, retransmisiones y comunidades que funcionen en alemán.
- Una meta concreta: prácticas, intercambio, estudios, formación profesional.
- Responsabilidad sobre algo real, por ejemplo el contacto con la familia.
¿Pasa esta fase?
En la gran mayoría de los casos, sí. La resistencia a la lengua de origen forma parte de una etapa de desarrollo cuya tarea principal es la delimitación. Con dieciséis o diecisiete años eso se invierte en muchos jóvenes: entonces el bilingüismo pasa a ser una ventaja que se puede mostrar.
Lo que ocurra mientras tanto decide, sin embargo, sobre qué podrán apoyarse entonces. Si el aporte no se interrumpe, la lengua estará disponible en cuanto aparezca el motivo propio. Si se interrumpe, habrá que reconstruir mucho.
Por eso el objetivo de esta fase no es progresar, sino conservar. Basta con que el alemán siga presente: oído, leído, comprendido. Lo demás vuelve.
Para recordar
- La resistencia al alemán suele ser una cuestión de pertenencia, no de lengua.
- La presión genera evitación, no motivación.
- La comprensión se conserva aunque el habla retroceda.
- Un motivo propio pesa más que cualquier argumento de los padres.
- La fase suele pasar, si la puerta se mantiene abierta.
Preguntas frecuentes
¿Debemos insistir en que en casa se hable alemán?
A nuestro hijo le da vergüenza equivocarse. ¿Qué ayuda?
¿Es mejor suspender las clases de alemán hasta que vuelvan las ganas?
¿Cómo lo manejamos con hermanos que reaccionan de forma distinta?
¿Y si dice que nunca va a necesitar el alemán?
Maike Rulfs-Zoua
Fundadora de Assadé, docente y examinadora telc
Más de 30 años de experiencia como docente y examinadora, con etapas en el Goethe-Institut, el Colegio Alemán de Barcelona y la American International School of Riyadh. Madre de cinco hijos.
Seguir leyendo
-
Alemán y Matemáticas
Por qué buenos alumnos en el extranjero empiezan de repente a sacar peores notas
A partir de 5.º curso bajan las notas de muchos niños en colegios alemanes en el extranjero, sin que sepan menos. La causa está casi siempre en el lenguaje académico, no en los conocimientos.
-
Alemán
«Mi hijo lo entiende todo, pero no sabe escribirlo»
De forma oral explica la materia con seguridad; en el examen faltan los puntos. Por qué hablar y escribir son dos capacidades distintas y cómo se construye la segunda.
-
Matemáticas
Problemas con enunciado: cuando el obstáculo no es el cálculo
Vuestro hijo calcula con seguridad pero se atasca en los problemas con enunciado. A qué se debe, qué palabras cuestan puntos una y otra vez y cómo se aprende a traducir el texto en una operación.
Un alemán seguro y mejores notas empiezan aquí.
Descubramos juntos lo que tu hijo o hija necesita de verdad, en una conversación personal de diagnóstico y estrategia, sin ninguna presión de venta.